Medicina medieval

medicina medieval

LA EDAD MEDIA

Nuestra cultura occidental brotó de la fusión del planeta romano con el cristianismo y los pueblos germánicos. Puesto que bien, conforme Toynbee, el surgimiento de una cultura desde otra se efectúa por medio de una nueva religión, más precisamente: una sociedad en desintegración provoca una religión más alta, una iglesia más vasta, y de esta se levanta la nueva cultura. De esta manera lo fueron el cristianismo, el Islam, la religión hindú y el budismo.

La edad media puede considerarse, por norma general, la fase histórica en que se plasman cambios profundos de una civilización. Desde este punto de vista general, diferentes naciones han tenido su edad media: Grecia tuvo una edad media alrededor del mil cien de la que brotaron las primeras urbes estados; Roma la tuvo en siglo V a.C. y condujo al establecimiento de la República romana, y asimismo en Egipto hubo un Imperio medio.

La Edad media de Occidente duró en torno a un milenio desde el siglo V d.C. Acostumbra a ser dividida en 3 períodos: la Edad media temprana desde la caída del Imperio Romano, formalmente en el año cuatrocientos setenta y seis, hasta la desmembración del Imperio carolingeo en el siglo IX; la alta Edad media, con el florecimiento del régimen feudal, hasta la crisis del orden medieval en el siglo XIII, y la baja Edad media hasta el siglo XIV en Italia y el XV en la mayoría de Europa. En esta última se robustecen las monarquías y la burguesía, prosperan las urbes y las universidades.

 

 

LA MEDICINA MONASTICA

Hasta mediados de la alta Edad media la medicina se ejercitó primordialmente en los monasterios. El primero un fundarse fue el de los Benedictinos en el año quinientos veintinueve, el Monasterio de Montecassino, destruido en mil novecientos cuarenta y cuatro. En los siglos siguientes se crearon otros en España, Francia, Alemania y también Irlanda. Tras la enorme peste que golpeó a Europa en el siglo VI y la conquista de Italia por los lombardos, los monasterios concentraron incluso más a la gente letrada que procuraba cobijo. Cara el comienzo de la alta Edad media cobraron relevancia las escuelas catedralicias, como por poner un ejemplo, la Escuela de Chartres.

No obstante, el ejercicio de la medicina por la parte de los frailes estaba limitado a su misión dadivosa. En el siglo IX la biblioteca del Monasterio de San Galeno tenía 6 obras de medicina y mil de teología. Los textos médicos, escritos en latín, eran en su mayor parte fragmentos simplificados o bien resúmenes de las grandes obras griegas y tenían un marcado carácter práctico. Ya no se sabía heleno. Galeno, conocido por medio de comentaristas, era la autoridad indiscutida. De esta manera, de sus obras se dedujo la tesis del pus laudabilis conforme la que el pus era un producto natural que favorecía la sanación de las heridas. Esta tesis hizo más bien difícil los progresos en el tratamiento de las heridas.

En la Edad media se generó meridianamente el divorcio entre medicina y cirugía. La separación se había insinuado en la medicina alejandrina. Después contribuyeron a profundidzarla el hecho de que Galeno, llegado a Roma, abandora la práctica quirúrgica y afirmara que la cirugía solo era una forma de tratamiento. De esta forma, el cirujano quedó subordinado al médico. Mas en la Edad media actuaron factores definitivos de separación y humillación de la cirugía. Para el Cristianismo de entonces el cuerpo del hombre era una despreciable cárcel del ánima. El organismo humano no merecía mayor estudio. La doctrina islámica, que se hizo sentir después, era afín en este aspecto: el cuerpo de los fallecidos era sucio y también impío y había que abstenerse de tocarlo y mancharse con su sangre. Por otro lado, la medicina medieval tuvo un marcado carácter especulativo, la teoría médica formaba lo sustantivo, la tarea manual era desdeñada. De esta manera, la práctica quirúrgica fue quedando a cargo de los barberos. Finalmente, en mil ciento sesenta y tres se elaboró el conocido edicto del Concilio de Tours: Ecclesia abhorret a sanguine, con el que oficialmente se prohibía la práctica quirúrgica a los clérigos. La prohibición fue decretada por el papa Inocencio III y se hizo actual en mil doscientos quince. El edicto estaba basado en el derecho canónico: la culpa de la muerte de un hombre anula por siempre el ejercicio sacerdotal. Mas en ese siglo los cirujanos barberos comenzaron a subir de status en Francia y más aún, en el Renacimiento.

A este empobrecimiento de la medicina el cristianismo de entonces reintrodujo un factor religioso: la enfermedad era el castigo a pecadores o bien la posesión por el diablo o bien la consecuencia de una brujería. De ahí, la oración y la penitencia para separar el mal. Asimismo los germanos reintrodujeron elementos mágicos, que se transmitieron a la medicina popular. La medicina monástica se extendió oficialmente hasta el Concilio de Clermont de mil ciento treinta, en que se prohibió a los frailes ejercer la medicina por el hecho de que perturbaba la vida sacerdotal. La medicina dejó de enseñarse en los monasterios asimismo por repercusión de los árabes.

 

 

EL ORDEN MEDIEVAL

A lo largo de la mayoría de la Edad media y desde sus comienzos, la clase letrada era clerical, y su anhelo fue afianzar la Iglesia. Fue  la depositaria de tradiciones romanas, entre estas, desde entonces, el latín y la visión de un orden universal;  asimismo acogió la nueva cultura germánica y coronó a los nuevos emperadores cristiano-germánicos. Al tiempo dio amparo espiritual y material a las masas de indigentes aparecidas por la disolución del Imperio, las invasiones salvajes, la pobreza producida por el abandono de los cultivos y el agotamiento de minas de oro y plata, por los estragos del paludismo y la peste. La civilización europea occidental, afirman ciertos historiadores, había reculado un milenio. Únicamente una entidad se levantó poderosa para regir espiritualmente a la incipiente sociedad: la Iglesia católica

La figura que marcó el pensamiento de aquella temporada fue la de San Agustín, que vivió en los siglos V y VI. La nueva concepción se orientaba cara el más allí con la mira puesta solamente en la salvación eterna del ánima. La vida religiosa demandaba toda la atención del hombre. La vida de este planeta, la Urbe terrena, era desdeñable y todos y cada uno de los ramos del saber estaban subordinados a los fines religiosos. Es una visión radicalmente diferente del planeta respecto a la concepción griega. Este nuevo planeta cristiano se compone fundamentalmente de Dios y el hombre ligados espiritualmente. Mas en esa concepción no hay camino cara Dios por la razón, el camino para conocer a Dios es que El, Deus ut revelans, se nos descubra. La razón humana no existe sola, es el reflejo de la iluminación venida de Dios. De ahí el leimotiv de San Agustín: credo ut intellegam, creo para conocer. O sea, conocer es acá en su esencia fruto de pensar, fruto de la revelación y también iluminación divinas.

Pues, por un lado, los anhelos de la clase letrada, la clerical, estaban centrados en la vida del más allí, en la Urbe de Dios, fue desatendido el conocimiento de la naturaleza, que se atascó. Y pues, por otro lado, el saber racional era fruto de la iluminación divina, los conocimientos de la naturaleza aceptados tras ser interpretados en el marco de la fe, pasaron a adquirir asimismo el carácter de verdades inamovibles. De esta forma brotó el orden medieval, un orden universal absoluto.

Mas en el siglo XI se generó un primer cambio esencial de esta visión: San Anselmo enuncia el principio fides quaerens intellectum, la fe que busca al intelecto. Esto es, ahora la fe precisa del intelecto; la razón, alumbrada por Dios, reobra sobre la fe, la hace comprensible tal y como hace comprensibles las percepciones sensoriales puras, por poner un ejemplo, la percepción de colores, en sí un fenómeno irracional. De esta manera, en la fe comienza a actuar la razón humana, y la palabra de Dios empieza a integrarse con una ciencia humana: la teología escolástica.

En las postrimerías de la alta Edad media, en el siglo XIII, Beato Tomás vio en la razón humana una potencia independiente de la fe y, como todo lo humano, imperfecta. Mas siendo Dios asimismo razón, razón perfecta, y siendo su obra asimismo racional, El y el planeta son alcanzables a la razón humana. De esta forma, el hombre con su intelecto, si bien limitado, se vio robustecido, y no solo dio un enorme desarrollo a la escolástica, sino asimismo vuelve a encargarse de la filosofía y cosmología.

Hasta ese momento el orden medieval era universal, había en él armonía entre fe y razón, entre Dios, el hombre y la naturaleza, siendo la razón un vínculo armónico esencial. Este orden universal hizo crisis, y el rasgo propio de ella fue el rechazo de la razón humana como instrumento de prueba de la existencia de Dios. De esta forma, se afirmaba: nada de lo probado por la razón es revelado por Dios, y nada de lo revelado por Dios es probado por la razón. En el desarrollo de estas ideas habían influido Averroes y los nominalistas, particularmente Guillermo de Ockam.

 

EL MUNDO ARABE

El Imperio islámico nació, medró y desapareció englobando prácticamente todo el periodo de la Edad media de Occidente, desde el siglo VII. Los territorios conquistados correspondieron a 4 zonas culturales: la helenística, la siria, la persa sasánida y la del norte de la India. El periodo de prácticamente un siglo, hasta mediados del VIII, del califato de Damasco fue una temporada de conquistas. Hasta el siglo XI, en que se conquista a la India, el Imperio islámico dominó el Mediterráneo, lo que bloqueó hasta ese momento el desarrollo de las urbes europeas. A lo largo del califato de la urbe de la ciudad de Bagdad   en los prácticamente 2 siglos siguientes a la dinastía Oméyade, se robustece el islamismo y florece la cultura. En el siglo IX aparece en árabe el sistema decimal; la traducción latina por la que el Occidente conoció este avance enorme, es del siglo XII. El florecimiento cultural siguió en España hasta el siglo XI a lo largo del califato de Córdoba.

La literatura griega llegó a los árabes a través de sectas cristianas expulsadas del Imperio bizantino. La escuela más conocida de traductores fue la de los Nestorianos en Gondeshapur, una urbe persa. En el siglo X estaban traducidas al árabe todas y cada una de las obras esenciales de la medicina griega en Damasco, El Cairo y Bagdad. De ahí de ahora en adelante se desarrolló un literatura médica propiamente árabe. En los siglos XI y XII se hicieron las primeras traducciones de obras médicas tradicionales del árabe al latín. Esencialmente por medio de los árabes el Occidente medieval conoció la literatura griega y particularmente, la médica. La repercusión árabe se ejercitó primordialmente mediante España, asimismo a través del comercio del Meditarráneo en especial de urbes italianas y por el contacto entre Occidente y el planeta árabe en las cruzadas en los siglos XI al XIII.

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